domingo, 4 de diciembre de 2016

EL ANGELITO MÁS PEQUEÑO (2do domigo de adviento)





Para el 2do domingo de adviento les compartimos “EL ANGELITO MÁS PEQUEÑO” que paso a ser parte de nuestra tradición navideña cuando Renny Ottolina en 1967 realizo un Programa Especial de Navidad, adaptando el cuento homónimo de escritor Charles Tazewell

…



EL ANGELITO MÁS PEQUEÑO

(The Littlest Angel, Charles Tazewell - 1939)





Érase una vez -según la cronología del hombre hace muchos, muchos años, y de acuerdo con el calendario celestial apenas fue ayer, claro está- un triste y desdichado angelito conocido en todo el reino de los cielos como "el ángel más pequeño".



El ángel más pequeño tenía exactamente cuatro años cuando apareció ante el honorable guardián del portal del cielo, rogándole que le permitiera entrar. Y ahí estaba él, desafiante, con sus piernas tan cortitas, arqueadas pero firmes, pretendiendo que todo ese brillo celestial le imponía bien poco; aunque aquel temblor ligero pero incontenible de la barbilla le delataba y tampoco pudo evitar que una lágrima se deslizara por su carita ya marcada por el llanto hasta detenerse en su pecosa nariz. Y eso no fue todo: para colmo de males, como de costumbre, se había olvidado de su pañuelo, y justo en el preciso momento en el que el membrudo escribano guardián se aplicaba a apuntar su nombre en el gran libro, el ángel más pequeño se sorbió los mocos ruidosamente. Fue tanto el ruido, que al buen guardián le pasóalgo que jamás le había ocurrido: ¡MANCHÓ LA PÁGINA IMPECABLEMENTE ESCRITA CON UN GRAN BORRÓN DE TINTA!



Desde ese momento la paz del cielo se vio seriamente perturbada y pronto el ángel más pequeño se convirtió en la pesadilla de todos los habitantes celestes. Sus estridentes silbidos atravesaban de parte a parte las calles doradas, sobresaltando de tal forma a los profetas, que detenían su meditación estupefactos. En las clases de canto del coro celestial su voz, tan aguda y tan falta de modulación, destrozaba el habitualmente aterciopelado sonido divino. A eso hay que añadir que, por culpa de sus piernas tan cortitas, siempre llegaba tarde a la hora del rezo vespertino, empujando y golpeando a los demás ángeles en las alas mientras se abría camino entre las filas hasta llegar a su sitio. Por si fuera poco, aunque pudiera disculparse este mal comportamiento, lo que sí resultaba imperdonable era su aspecto desaliñado. Al principio, los querubines y serafines lo comentaban entre cuchicheos, pero pronto los ángeles y arcángeles expresaron de viva voz que en realidad no parecía un ángel. Y tenían razón: su aureola tenía manchas en aquellas partes en las que la sujetaba con sus sucios deditos para no perderla mientras corría porque, en realidad, siempre andaba corriendo. Pero incluso cuando no lo hacía y se estaba quieto, la aureola parecía estar siempre torcida sobre su cabecita, o se le caía del todo y rodaba por alguna de las calles doradas, de modo que el ángel más pequeño tenía que correr tras ella.



También hay que decir que sus alas ni eran bonitas ni muy útiles. Todos contenían el aliento cuando se sentaba como un pajarito asustado recién salido del nido, en el extremo de una nube, haciendo ademán de emprender el vuelo. Entonces cerraba los ojos, se apretaba la pecosa nariz con ambas manos, contaba hasta tres y se tiraba de cabeza – aureola incluida – al espacio. Y como casi siempre olvidaba poner sus alas en funcionamiento, estos vuelos casi siempre terminaban en accidente.



Todo el mundo veía venir que, tarde o temprano, le caería una reprimenda. Y así ocurrió que un día infinito de un mes infinito de un año infinito, fue llamado ante el ángel de la paz. El ángel más pequeño se peinó cuidadosamente, cepilló sus alas desaliñadas y se puso una túnica casi limpia; luego emprendió el camino con el corazón apesadumbrado. Mucho antes de llegar al edificio de la justicia celestial, ya se podían escuchar los cánticos de júbilo. En la puerta, precipitada y torpemente comenzó de nuevo a sacarle brillo a su aureola con la túnica antes de entrar de puntillas en el edificio. El cantante, que en el cielo era conocido como el ángel de la reconciliación, bajó la mirada hacia el ángel más pequeño y éste, de inmediato, trató en vano de hacerse invisible, escondiendo la cabeza bajo el cuello de su vestimenta, igual que lo haría una tortuga. El ángel de la reconciliación no pudo mantenerse serio por más tiempo; tras soltar una afectuosa y cálida carcajada le dijo: "¡Así que tú eres el pequeño granuja que ha puesto el cielo patas arriba! Ven, querubín, y cuéntame todo desde el principio".



El ángel más pequeño alzó la mirada hacia el gran ángel, pestañeando primero con un ojo y luego con el otro. Inesperadamente, sin saber cómo había podido ocurrir, se encontró sentado en su regazo y le contó lo difícil que era para un pequeñín como él convertirse de pronto en un ángel y que, en realidad, sólo se había columpiado una vez en el portal dorado, bueno, dos veces… Vale, era verdad, quizá habían sido tres veces; pero que sólo lo había hecho porque estaba muy aburrido. Y eso era, en realidad, lo que le pasaba: el ángel más pequeño no tenía nada que hacer en todo el día y la desidia se iba apoderando de él a medida que pasaba el tiempo. ¡No es que no le gustara el Paraíso, no, pero en la Tierra también se lo había pasado muy bien, subiéndose a los árboles, nadando y pescando peces, jugando bajo la lluvia y con el barro, que se sentía blandito y fresco bajo los pies! El ángel de la reconciliación sonrió con compasión y le preguntó qué sería lo que le haría realmente feliz en el Paraíso. El ángel más pequeño lo pensó durante unos instantes y luego le susurró al oído: "en casa, debajo de mi cama, hay una caja. ¡Ay, si la pudiera tener aquí...!".  El ángel de la reconciliación asintió con la cabeza: "La tendrás", prometió, y envió inmediatamente a un mensajero celestial en su busca.



A lo largo de todos los intemporales días posteriores, todo el mundo se asombró del inexplicable y extraño cambio que había experimentado el ángel más pequeño. De repente era el más feliz de todos los ángeles, y su comportamiento y aspecto fueron a partir de ese instante tan ejemplares, que nadie tuvo nada que reprocharle jamás.



Un día, llegó la Buena Nueva de que Jesús, el Hijo de Dios, iba a nacer en Belén de la Virgen María. Semejante noticia desató una alegría sin igual y todos los ángeles y arcángeles, los querubines y serafines, el guardián del portal del cielo y demás moradores del reino celestial dejaron sus quehaceres cotidianos: querían preparar sus regalos y presentes para el Hijo de Dios. Todos estaban muy atareados; todos, salvo el ángel más pequeño. Éste se encontraba sentado en el escalón más alto de la escalera celestial confiando, con la cabeza apoyada sobre las manos, en que se le ocurriría una idea para unbuen regalo. Pero por mucho que pensaba y pensaba, no daba con nada que pudiera ser sido digno del Niño divino.


El momento del gran milagro se aproximaba de manera preocupante, cuando le surgió la feliz idea. Llegado el gran día, sacó el regalo de su escondite, detrás de una nube, y lo colocó ante el trono del Señor. Sólo era su pequeña caja, tan manoseada, pero que contenía todas esas cosas preciosas que seguramente hasta al Hijo de Dios harían feliz.



Y ahí estaba, esa pequeña y modesta cajita, entre todos los valiosísimos regalos de los demás ángeles del paraíso; regalos de un esplendor y de una belleza que el mero reflejo de su brillo iluminó el cielo y el universo entero. Al ver todo ese lujo, el ángel más pequeño se entristeció sobremanera y reconoció que su regalo no era apropiado. Le hubiera gustado poder recuperarlo, pero ya era tarde; la mano de Dios se estaba deslizando sobre los demás regalos. De repente, se detuvo justo sobre el humilde regalo del ángel más pequeño. Pobrecillo, observaba tembloroso mientras se abría la caja, dejando al descubierto ante los ojos del Señor y los de los demás habitantes del reino todo aquello que le quería regalar al Hijo de Dios: una mariposa con alas de color amarillo dorado que él mismo había capturado en las montañas, un huevo azul cielo que había caído de un nido entre las ramas de un olivo, dos guijarros blancos que había encontrado en el fango de la orilla del río y un trozo de cuero que en su día había pertenecido al collar de su fiel amigo de cuatro patas…



De los ojos del ángel más pequeño brotaban gruesas lágrimas, tan tibias como amargas. ¿Cómo pudo haber pensado que aquellos cachivaches le habrían gustado al Hijo de Dios? Invadido por el pánico, se dio la vuelta e intentó escapar para esconderse de la ira divina del Padre celestial, pero tropezó con una nube, tan torpemente, que rodó hasta el trono del Todopoderoso. De pronto, un atronador silencio se apoderó de la ciudad celestial, sólo interrumpido por el desgarrador sollozo del ángel más pequeño. Al instante, se elevó  una voz, la voz de Dios, que dijo: "De todos estos regalos, esta caja es la que más me gusta. Contiene cosas de la Tierra y del hombre, y mi Hijo ha nacido para reinar sobre ambos. Acepto este regalo en el nombre de mi hijo Jesús, nacido hoy de María en Belén".



Todos permanecieron callados y, de inmediato, la cajita del ángel más pequeño comenzó a brillar con una luz como jamás antes se había visto, cegando a todos los ángeles presentes. De ahí que ninguno de ellos pudiera observar como la cajita se alzaba resplandeciente desde el trono de Dios, y que sólo el ángel más pequeño la viera cruzar el firmamento, veloz como un meteoro, hasta posarse como una clara señal en lo alto de un humilde establo, donde acababa de nacer un niño...



The Littlest Angel, De Charles Tazewell

Traducción Caroline Rott

viernes, 2 de diciembre de 2016

Para Andres: Que Pacheco llegue hasta donde estes




PARA ANDRÉS
Querido hermano, la vida te lleva a sumarte a todos aquellos que deben pasar la navidad lejos de nosotros y desde ya te extrañamos, y te deseamos y auguramos los mayores éxitos y la felicidad que mereces .

Para ti y para todos los amigos y familias que deben vivir otra NAVIDAD lejos del terruño, les comparto este video del 2011 con nuestro mayor cariño y un fuerte abrazo desde la sombra de El Avila: que La Navidad que nos trae PACHECO les llegue hasta donde estén…





miércoles, 30 de noviembre de 2016

Por los Jefes de Tropa / que larga sea su hitoria y eterna se leyenda


Nuestra historia transcurre un sábado cualquiera, de un año cualquiera, en cualquier ciudad o pueblo de Venezuela, en cualquier parque, plaza, terreno, colegio: en resumen un sábado scout en un local de tropa... ...

A partir de las dos de la tarde, los scouts van llegando de diversas maneras: los águilas – que viven todos en el mismo edificio – vienen juntos y chalequeándose unos a otros, van contando chistes y riéndose muy duro; algunos de los tigres subieron hace ya mucho rato, y llevan rato integrados a una “caimanera” de futbolito que parece que no terminara nunca, los restantes – entre los que se cuenta el GP –  llegaran corriendo y sin aliento casi sobre la hora de inicio; los búfalos van llegando poco a poco – “piano piano se va lontano” diría Saverio el nuevo SGP, parafraseando el acento de sus ancestros italianos –  a la mayoría de los búfalos los trae su mamá en la camioneta de la familia, uno de ellos – evidentemente el GP – abren la puerta trasera y sacan el banderín rojo y blanco que cual “retrato de Dorian Gray” siempre parece casi nuevo, a este GP lo reconocemos rápidamente por la vieja canción que dice: ♪♪♪♪ tiene nuestro Guía condecoraciones ♪♪♪ de las que se ponen todos los bribones ♪♪♪♪


A las dos y quince, llega un joven de entre 22 y 27 años, porta el mismo uniforme que ellos, trae un pequeño morral, un balón, un largo mecate de sisal que compro en el Estado Lara y la cara iluminada de una Gran Sonrisa.

Rápidamente los scouts de arremolinan alrededor del él y cada uno recibe un apretón de mano izquierda, una agradable sonrisa y un comentarios personalizado. Mientras saluda a cada uno por su nombre, el joven los va contando en su cabeza – 6 águilas, 9 tigres, 8 búfalos, total 23 faltan 5 por llegar hoy y solo 9 para la meta de abrir la cuarta patrulla a finales de este año – y mientras lo hace deja correr sus recuerdos, hasta un sábado hace más de un año: recién había terminado la universidad, y mientras espera la graduación, se había quedado trabajando en la misma empresa de ingeniería en que había hecho sus pasantías, ese sábado tuvo que ir a terminar un trabajo y al final de la tarde había decidido pasar a visitar a su tropa scout, al llegar se dio cuenta que a la tropa la estaba dirigiendo su viejo JT, increíble: ya habían pasado 15 años de la primera vez que había tomado un pito.    


Luego de saludarlos, el joven se lleva la sorpresa de que el Jefe de Tropa se había retirado y la tropa quedaba a la deriva. Por lo que el Jefe de Grupo (su viejo JT), había vuelto a sacar su “silbato scout” de la gaveta de la mesa de noche. Se queda aquella tarde, colabora con el Juego Final (un quemado con pelotica de goma) y, antes de irse, acuerdo pasar: “un ratico, la semana próxima, para ayudarte con algún juego”.


Este “cuento y su final” ya lo conocemos muy bien, (Walt Disney lo explico y recreo excelentemente bien en su imperecedera película de 1966: Síganme muchachos - Follow Me, Boys!, se la recomiendo a todos los JT), y se repite cada semana en muchas tropas de cualquier parte, lo que nos hace preguntar: ¿Qué lleva a estos dirigentes de tropa (y aquí cabe: de manada, de clan, de grupo o institucionales) a dedicar tanto de su tiempo a sembrar valores en jóvenes que “no son nada de ellos”?, ¿Qué esperan cosechar, si esos valores tardaran años en ser aplicados y tener efectividad?, ¿Qué hace que dedique Fines de Semana, Carnavales, Semanas Santa, Vacaciones y su Vida a dirigir: "SU TROPA SCOUT"?
Habrían muchas respuestas validas y posibles: (i) Agradecimiento por lo recibido cuando fuimos scouts: a nuestros dirigentes, nuestro Grupo, el Escultismo todo; (ii) Añoranza de que cualquier tiempo pasado fue mejor; (iii) Satisfacción personal por dirigir una BUENA TROPA; (iv) Y muchos mas de ese mismo estilo que repito son validas, humanas, posibles...  

Pero estoy convencido de nada de esto debe ser suficiente, y por lo tanto debe existir una razón superior, por la que estos Jóvenes Dirigentes invierten tanto tiempo, esfuerzo y hasta su escaso dinero, para de forma voluntaria y altruista dedicarse a la dirección de una Tropa Scout: La respuesta la obtengo cada día, cuando veo a “mis scouts” (entregue la tropa del San Cayetano a Jose Félix Rivas y Javier Marquez hace ya 23 años a finales de 1993), convertidos en hombre de bien, en padres de familia, en agentes de cambio de la sociedad, en CIUDADANOS. Entonces me dio de cuenta que, que los Dirigentes Scouts, sembramos hoy, para que otros puedan: “comer mañana lo que hoy plantamos”, y aunque solo fuera para honrar a aquellos desconocidos que sembraron ayer lo que hoy “nos toca comer a nosotros”, vale la pena la tarea.

Follow Me, Boys!


Por eso, debemos seguir sembrando para que otros cosechen y disfruten de la cosecha.

Por eso continuamos cada semana, con este proyecto de #MeLoContaronAlrededorDelFuego para que alguien, algún día coseche lo sembrado.

Para y por todos los Jefes de Tropa de Ayer, Hoy y Siempre:
cuatro JT del San Cayetano
Ildemaro Trías, Jose Felix Rivas, Juan Rodrigo, Kenneth Peraza

QUE LARGA SEA SU HISTORIA

Y ETERNA SU LEYENDA







SEMBRAR Y COCECHAR



por Jorge Bucay, “Cuentos para pensar”




En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.



Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.



¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.



Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.



¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?



Siembro -contestó el viejo.



Qué siembras aquí, Eliahu?



Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.



¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.



El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.



No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos...



Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?



No sé... sesenta, setenta, ochenta, no sé.. lo he olvidado...pero eso, ¿qué importa?





 Mira, amigo, las datileras tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.



Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto... y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.



Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste - y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.



Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tu me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.





Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera.



Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.



Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no solo una, sino dos veces.




Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte.



De: Jorge Bucay. Cuentos para pensar.

Compartido por



Pterodáctilo Ancestral

Noviembre 2016

domingo, 27 de noviembre de 2016

PANCHITO MANDEFUÁ (1er Domingo de Adviento)





Hoy es el 1er domingo de Adviento de este año, y en #MeLoContaronalrededorDelFuego nos contagiamos del Espíritu Navideño y les compartimos un cuanto tradicional de la Navidad Caraqueña:



DE CÓMO PANCHITO MANDEFUÁ FUE A CENAR CON EL NIÑO JESÚS: Aun vive (más vigente que nunca) aquel muchachito “de la calle” que creó la preocupación social de José Rafael Pocaterra en un cuento antológico que tan bien describe la Caracas de los años veinte.







DE CÓMO PANCHITO MANDEFUÁ
FUE A CENAR CON EL NIÑO JESÚS
(Cuentos Grotescos – José Rafael Pocaterra – 1922)



CAPITULO I

A ti que esta noche irás a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de Navidad; a ti que tendrás a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar, y un pedazo de pastel y una hallaca y una copa de excelente vino y una taza de café y un excelente "Hoyo de Monterrey", regalo especial de tu excelente vicio; a ti que eres relativamente feliz durante esta velada, bien instalado en el almacén y en la vida, te dedico este cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de Panchito Mandefúa, granuja billetero, nacido de cualquiera con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Niño Dios invitó a cenar.



CAPITULO II

Como una flor de callejón, por gracia de Dios no fue palúdico, ni zambo, ni triste; abriose a correr un buen día calle abajo, calle arriba, con una desvergüenza fuerte de nueve años, un fajo de billetes aceitosos, y un paltó de casimir indefinible que le daba por las corvas y que era su magnífico macferland de bolsillos profundos, con bolsillito pequeño para los cigarrillos, que era su orgullo, y que le abrigaba en las noches del enero frío y en los días de lluvia hasta cerca de la madrugada, cuando los puestos de los tostaderos son como faros bienhechores en el mar de niebla, de frío y de hambre que rodea por todas partes, en la soledad de las calles, al pobre hamponcillo caraqueño. Hasta cerca de medianoche, después de hacer por la mañana la correría de San Jacinto y del Pasaje y el lance de doce a una en la puerta de los hoteles, frente a los teatros o por el bulevar del Capitolio, gritaba chillón, desvergonzado, optimista:

-Aquí lo cargoooo…. El tres mil seiscientos setenta y cuatro; el que no falla nunca ni fallando, archipetaquiremandefuá….!

El día bueno, de tres billetes y décimos. Panchito se daba una hartada de frutas; pero cuando sonaban las doce y sólo- después de soportar empellones, palabras soeces; agrios rechazos de hombres fornidos que tomaron ron- contaba en la mugre del bolsillo catorce o dieciséis centavos por pedacitos vendidos, Panchito metíase* a socialista, le ponía letra escandalosa a “La Maquinita” y aprovechaba el ruido de una carreta o el estruendo de un auto para gritar obscenidades graciosísimas contra los transeúntes o el carruaje del general Matos o de otro cualquiera de esos potentados que invaden la calle con un automóvil enorme entre un alarido de cornetas y una hediondez de gasolina…; y terminaba desahogándose con un tremendo “mandefuá” donde el muy granuja encerraba como en una fórmula anarquista todas sus protestas al ver, cómo él decía, las caraotas en aeroplano.

Quiso vender periódicos, pero no resultaba; los encargados le quitaron la venta: le ponía “mandefuá” a las más graves noticias de la guerra, a las necrologías, a los pesares públicos:

-Mira hijito –le dijeron- mejor es que no saques el periódico, tú eres muy “mandefuá”.



CAPITULO III

Tuvo, pues, Panchito su hermoso apellido Mandefuá obra de él mismo, cosa esta última que desdichadamente no todos son capaces de obtener, y él llevaba aquél Mandefuá con tanto orgullo como Felipe, Duque de Orlean, usaba el apelativo de igualdad en los días un poco turbios de la Convención, cuando el exceso de apellidos podía traer consecuencias desagradables.

Pero Panchito era menos ambicioso que el Duque y bastándole su "medio real podrido"-como gritaba desdeñosamente tirándoles a los demás de la blusa o pellízcándoles los fondillos en las gazaperas del Metropolitano.

-Una grada para muchacho, bien "mandefuá"!De sus placeres más refinados era el irse a la una del día, rasero con la estrecha sombra de las fachadas, y situarse perfectamente bajo la oreja de un transeúnte gordo, acompasado, pacífico; uno de esos directores de ministerio que llevan muchos paquetitos, un aguacate y que bajan a almorzar en el sopor bovino del aperitivo:

- El mil setecientos cuarenta y siete "mandefuá!

-Granuja atrevido!

Y Panchito, escapando por la próxima bocacalle, impertérrito:

-Ese es el premiado, no se caliente mayoral!

El título de mayoral lo empleaba ora en estilo epigramático, ora en estilo elevado, ora como honrosa designación para los doctores y generales del interior a quienes les metía su numeroso archipetaquiremandefuá.

Y con su vocablo favorito,que era penegírico, ironía, apelativo -todo a un tiempo-,una locha de frito y un centavo de cigarros de a puño comprado en los kioskos del mercado, Panchito iba a terminar la velada en el Metro con "Los Misterios de Nueva York"; chillando como un condenado cuando la banda apresaba a Gamesson o advirtiéndole a un descuidado personaje que por detrás le estaba apuntando un apache con una pistola o que el leal perro del comandante Patouche tenía el documento escondido en el collar. Indudablemente era una autoridad en materia de cinematógrafo y tenía orgullo de expresarlo entre sus compañeros, los otros granujas:

-Mire, vale, para que a mí me guste una película tiene que ser muy crema.





CAPITULO IV

Panchito iba una tarde calle arriba pregonando un número "premiado" como si lo estuviese viendo en una bolita… Detúvose en una rueda de chicos después de haber tirado de la pata a un oso de dril que estaba en una tienda del pasaje y contemplando una vidriera donde se exhibían aeroplanos, barcos, una caja de soldados, algunos diávolos, un automóvil y un velocípedo de "ir parado" ….Y, de paso, rayó con el dedo y se lo chupó, un cristal de la India a través del cual se exhibían pirámides de bombones, pastelillos y unos higos abrillantados como unas estrellas.

En medio del corro malvado, vio una muchachita sucia que lloraba mientras contemplaba regada por la acera una bandeja de dulces; y como moscas, cinco o seis granujas de habían lanzado a la provocación de los ponqués y de los fragmentos de quesillo llenos de polvo. La niña lloraba desesperada, temiendo el castigo.

Panchito estaba de humor: cinco números enteros y seis décimos ¡ochenta y seis centavos! la sola tarde después de haber comido y "chuchado"… Poderoso. Iría al Circo, que daban un estreno, comería hallacas y podría fumarse hasta una cajetilla. Todavía le quedaban 2 bolívares con que irse por ahí, del Madero abajo para él sabía que…. ¡Una noche muy crema!

Seguía llorando la chiquilla y seguían los granujas mojando en el suelo y chupándose los dedos….

Llegó un agente. Todos corrieron, menos ellos dos.

-Qué fue, qué pasó!

Y ella sollozando:

-Que yo llevaba para la casa donde sirvo esta bandeja, que hay cena allá esta noche y me tropecé y se me cayó y me va a echar látigo….

Todo esto rompiendo a sollozar.

Algunos transeúntes detenidos encogiéronse de hombros y continuaron.

-Sigan, pues-les ordenó el gendarme.

Panchito siguió detrás de la llorosa.

-Oye, ¿Cómo te llamas tú?

La niña se detuvo a su vez, secándose el llanto.

-¿Yo? Margarita

-¿Y ese dulce era de tu mamá?

-Yo no tengo mamá

-¿Y papá?

-Tampoco

-¿Con quién vives tú?

-Vivía con una tía que me "concertó" en la casa en que estoy.

-¿Te pagan?

-¿Me pagan qué?

Panchito sonrió con ironía, con superioridad:

-Guá, tú trabajo: al que trabaja se le paga, ¿no lo sabías?

Margarita entonces protestó vivamente:

- Me dan la comida, la ropa y una de las niñas me enseña, pero es muy brava.

-¿Qué te enseña?

- A leer… Yo sé leer; ¿tú no sabes?

Y Panchito, embustero y grave:

-¡Pauh! como un clavo…. Y sé vender billetes, y gano para ir al cine y comer frutas y fumar de a caja.

Dicho y hecho, encendió un cigarrillo…. Luego, sosegado:

-¿Y ahora qué dices allá?

- Diga lo que diga, me pagan….- repuso con tristeza bajando la cabecita enmarañada. Un rayo de luz se hizo en la no menos enmarañada cabeza del chico:

- ¿Y cuánto botaste?

- Seis y cuartillo: aquí está la lista- y le alargó un papelito sucio.

-¿Espérate, espérate!-Le quitó la bandeja y echó a correr.

Un cuarto de hora después volvió:

-Mira: eso era lo que se te cayó, ¿nojerdá?

Feliz, sus ojillos brillaron y una sonrisa le iluminó la carita sucia.

- Sí…, era…

Fue a tomarla, pero él la detuvo:

- No; yo tengo más fuerza, yo te la llevo.

-Es que es lejos- expuso, tímida.

-¡No importa!

Por el camino él le contó, también, que no tenía familia, que las mejores películas eran en las que trabajaba Gamesson y que podían comerse un gofio…

- Yo tengo plata, ¿sabes?- y sacudió el bolsillo de su chaquetón tintineante de centavos.

Y los dos granujas echaron a andar.

Los hociquillos llenos de borona seguían charlando de todo. Apenas si se dieron cuenta de que llegaban.

- Aquí es… Dame

Y le entregó la bandeja.

Quedáronse viendo ambos a los ojos:

-¿Cómo te pago yo?- le preguntó con tristeza tímida.

Panchito se puso colorado y balbuceó:

- Si me das un beso.

- ¡No,no! ¡Es malo!

- ¡Por qué!

- Guá porque sí…..

Pero no era Panchito Mandefuá a quien se convencía con razones como ésta; y la sujetó por los hombros y le pegó un par de besos llenos de gofio y de travesura.

- Grito…., que grito….

Estaba como una amapola y por poco tira otra vez la dichosa dulcera.

- Ya está, pues, ya está.

De repente se abrió el anteportón. Un rostro de garduña, de solterona fea y vieja apareció:

-¡Muy bonito el par de vagabunditos estos!-gritó. El chico echó a correr. Le pareció escuchar a la vieja mientras metía dentro a la chica de un empellón.

-Pero, Dios mío, ¡qué criaturas tan corrompidas éstas desde que no tienen edad! ¡Qué horror!




CAPITULO V

Era un botarate. No le quedaban sino veintiséis centavos, día de Noche Buena…! Quién lo mandaba a estar protegiendo a nadie…

Y sentía en su desconsuelo de chiquillo una especie de loca alegría interior…. No olvidaba en medio de su desastre financiero, los dos ojos, mansos y tristes de Margarita. ¡Qué diablos!, el día de gastar se gasta "archipetaquiremandefuá"…



CAPITULO VI

A las once salió del circo. Iba pensando en el menú: hallaca de "a medio", un guarapo, café con leche, tostada de chicharrón y dos "pavos rellenos" de postre. ¡Su cena famosa! Cuando cruzaba hacia San Pablo, un cornetazo brusco, un soplo poderoso y de Panchito Mandefuá apenas quedó, contra la acera de la calzada, entre los rieles del eléctrico, un harapo sangriento, un cuerpecito destrozado, cubierto con un paltó de hombre, arrollado, desgarrado, lleno de tierra y sangre….

Se arremolinó la gente, los gendarmes abriéronse paso…..

-¿Qué es? ¿Qué sucede allí?

-¡Nada hombre! que un auto mató a un muchacho "de la calle"…

- ¿Quién?…. ¿Cómo se llama?…

- ¡No se sabe!, un muchacho billetero, un granuja de esos que están bailándole a uno delante de los parafangos… -informó indignado, el dueño del auto que guiaba un "trueno".



Cuentos Grotescos
José Rafael Pocaterra – 1922

Compartido por:
Pterodáctilo Ancestral
27 de nov 2016 – 1er domingo de adviento


martes, 22 de noviembre de 2016

Aun quedan brasas en el fuego / dedicado a las bellas jóvenes venezolanas


Honramos a las bellas jóvenes venezolanas, que desde hace 20 años han respondido al llamado del GRAN JUEGO DEL ESCULTISMO al incorporarse de manera plena e igualitaria a la ASOCIACIÓN DE SCOUT DE VENEZUELA, muchas gracias por habernos aportado su: "nuevo oxigeno", entusiasmo, carisma, liderazgo, inteligencia, talento, cordura, creatividad, emprendimiento, buen juicio, espíritu de trabajo, solidaridad, amabilidad, cordialidad, picardía, alegría, sonrisas y BELLEZA.
Muchachas: El camino aun es largo, continúen... ...


El sol casi llega al cenit, y Elena – la Guía de Las Cascabeles – está muy satisfecha; el Campamento de Patrulla que ha organizado como preparación para el CAREPAS continua desarrollándose exitosamente, todo esta de maravilla.
Al terminar las actividades de la mañana, decide enseñar a Coromoto Del Valle (la recién Promesada) la manera correcta de prender o revivir el fuego en una cocina de altar.



Demostrando sus destrezas, en pocos minutos acomodo - alrededor de las brasas que quedaban del desayuno - la yesca y los troncos que la leñadora había “reunido” y comenzó a soplar con ese estilo adquirido luego de muchas noches de campamento.

Rápidamente las brasas reaccionaron al “nuevo oxígeno” que recibían de la joven y despertaron para, a los pocos minutos lograr una llama fuerte y estable.




 Elena se retira para supervisar al resto de su patrulla y deja a la “Novel Coromoto” con la misión de mantener y agrandar aquel nuevo fuego que acababa de nacer.

Al principio Coromoto tiene algo de miedo, pero luego recuerda como se había preparado para aquel momento y sabía que Las Cascabeles contaban con ella, así que comenzó a cuidar de aquellas nuevas llamas, con mayor seguridad y gran estilo.






 

Al poco tiempo, cuando regresa Elena, y se encuentra sobre su cocina con un fuego vivo, sólido y seguro que sin duda no se apagaría fácilmente.

Estoy convencido que en “Nuestra Cocina de Altar” quedan buenas brasas, por lo que nos toca prepáranos para ser protagonistas de nuestra propia historia y artífices de la verdadera renovación social que los tiempos nos exigen, para así revivir el fuego del Escultismo Venezolano que aún vive en los corazones de la juventud venezolana y con él revivir una nueva Patria en la que superemos toda forma de injusticia, reconozcamos la meritocracia, valoricemos el trabajo y premiemos el esfuerzo, para así promover el bien común, como herencia para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.


dedicado a las bellas jóvenes venezolanas
en sus primeros 20 años en la
Asociación de Scouts de Venezuela
EJEMPLO DE LA MUJER VENEZOLANA

Pterodáctilo Ancestral
Noviembre 2016