sábado, 5 de mayo de 2018

Tu y Yo somos Hermanos








Tu y yo somos hermanos

♫ Y del mismo cubil,

Tu rastro va junto a mi rastro

♫ Mi caza es para ti






Hacía ya mucho rato que me había acostado en el suelo del cubil con el resto de los cachorros y lobatos que conformábamos la manada, pero aun no me podía dormir de la emoción acumulada a lo largo de aquel día y lo que ya sabía que me esperaba al despertar, cuando de la nada lo comencé a escuchar, primero como un rumor, un susurró o un aullido a lo lejos, que poco a poco fue aumentado de volumen como un gran clamor, estuve atento a escuchar con mis “oídos bien abiertos”, y de repente explotó como si toda la selva se encontrara entre nosotros dentro de aquella cueva, y entonces, de la nada, comenzó a llover.

Casi de inmediato, todos los cerros alrededor del cubil se convirtieron en caudalosos torrentes, cargados de barro, madera, piedras, y cualquier otra cosa que se interpusiera a su caudal. Pequeños arroyos, comenzaron a nacer de aquellos caudales principales, y muchos de ellos buscaron entrar al calor y protección de nuestro refugio. Al sentir, el agua y el frio, los cachorros y lobatos buscamos arrimarnos al calor de la manada, y nos arrejuntamos, unos contra otros, en el centro de la guarida que nos daba resguardo, los viejos lobos por su parte se acostaron a nuestro alrededor para protegernos. A pesar de eso, muy pronto grandes charcos cubrían los pisos del refugio, mientras los ecos de los rayos retumbaban en nuestros cuerpos y las centellas alumbraban todo el cubil.

De inmediato, el olor de la lluvia invadió el lugar y lo impregno todo: fuerte, penetrante, persistente, pertinaz, violento, soberano. Al final todos mis sentidos advertían que la lluvia había conquistado el cubil y se recostaba a mi lado. Y así, entre: agua, humedad, rayos y centellas, final e increíblemente, me quede dormido.

Despertamos temprano, y aunque ya no llovía, el cielo encapotado no nos dejaba ver al sol, ni sentir su calor. La humedad, plenaba toda la selva, que se mantenía encharcada y anegada por doquier. Bostezamos, nos rascamos, alargamos una extremidad, luego las otras, para sacudir y exorcizar la pesadez que aun sentíamos. Luego, lenta y pesadamente, salimos al descubierto y allí comenzamos a movernos y a correr buscando el calor y la energía que solo genera el movimiento. Splash, splash, splash, repiqueteaban nuestras pisadas, mientras labraban en el barro huellas: frescas, alertas, agiles y libres. Splash, splash, salpicaba el barro a nuestro alrededor.

Reitero que a esa hora ya no llovía, pero una persistente e interminable garua se confundía con las gotas que las ramas y hojas habían recolectado durante la noche y que ahora descargaban inmisericordemente sobre nosotros, de modo que al poco tiempo estábamos tan mojados como si hubiéramos danzado toda la noche bajo la lluvia, y no teníamos ni esperábamos la menor posibilidad de secarnos al sol.




A pesar de eso, la manada estaba muy feliz… …

A pesar de eso, la manada estaba prendada del momento… …

A pesar de todo, yo no hubiera querido estar en ningún otro lugar… …




A lo largo y ancho del campo la llegada de la lluvia entusiasmaba y renacía todo y a todos, el espectáculo era digno de los mejores teatros del mundo: los gritos de las guacharacas resonaban desde antes del amanecer llamando a levantarse, en contrapunteo los cristofués le contestaban desde lo alto de los eucaliptos pidiendo que los dejaran seguir durmiendo; tucusitos de infinitos colores, se confundían con innumerables libélulas compitiendo por los aires, por las flores y por las frutas para libar sus dulces néctares; ardillas y otros roedores de diferentes tamaños y aspectos, surgían de sus madrigueras, salían al descampado y cruzaban los campos para recolectar frutillas, con las que regresaban prontamente a la seguridad de sus agujeros; lagartijas, culebras y otros reptiles se arrastraban por los charcos, buscando la humedad; arriba, desde lo alto, negras “golondrinas” se lanzan en acrobáticas caídas para “robar agua” de los múltiples charcos que colmaban los suelos, y por encima de ellas, muy por encima, el agudo chillido del Cari-Cari – Jefe y Guardián del lugar –, cantándole a su pareja, mientras observa cualquier movimiento de los súbditos de sus dominios, los cuales seguramente tendrá el privilegio de convertirse en el sustento de los suyos. Si, la naturaleza había despertado. Y se regocijaba por la vida que le había traído la lluvia.


En eso cachorros y lobatos nos dimos cuenta de que también nosotros teníamos hambre, y ya que “cada lobo aúlla en su caverna”, regresamos al cubil, para ver si los cazadores habían atrapado algún gamo, todos esperábamos que “Akela – y sus viejos lobos – no hubiera errado el golpe” y que la comida alcanzara para toda la manada, además preferíamos un buen sambhur o un joven gamo a un toro cebado como el que Bagheera pago por rescatar la vida de Mowgli, en todo caso nosotros nos sentíamos protegidos y privilegiados por la Ley de La Manada que nos consideraba menores desde que nos presentaran a la manada y hasta que hubiéramos cazado nuestro primer gamo. Sabíamos bien, que todos los viejos lobos se sentían obligados a cuidarnos, protegernos, educarnos, formarnos “so pena de muerte”. Y yo, era el más contento, ya que sabía que esa misma noche, a lo alto de la roca del consejo, rodeado por todos, bajo la luz de la luna llena, sería presentado a la Manada y pasaría a formar parte de ella.

Luego de comer, salimos con los viejos lobos a reconocer el lugar, a lo largo del camino ellos hacían de maestros y como Baloo a Mowgli nos enseñaban las palabras mágicas para todos los pueblos de la selva, y especialmente las palabras mágicas que utilizaba nuestro pueblo: "Tú y yo somos de la misma sangre”.


Transcurrió el día, entre juegos, bromas, compartir, aprendizaje, y ya pasada la media tarde, tras un largo caminar, descendimos hasta un pequeño valle, incrustado en el centro de la selva, en el fondo lo remataba un grato claro, rodeada de bambúes y bejucos, circulado por troncos y piedras a modo de un anfiteatro natural. La manada se fue sentando y acomodando desordenadamente alrededor del claro, y entonces comenzamos a cantar, al principio solo algunas voces sueltas y desafinadas, a las que nos fuimos sumando uno por uno, hasta que al final nuestras voces sonaban como un gran aullido grupal, con más entusiasmo que afinación. Y allí permanecimos buena parte de la tarde.

Tan concentrados y divertidos estábamos, que ninguno se percató de que “Mang, el murciélago, había desatado la noche” hasta que iniciamos el ascenso a la cima, alumbrados solo por el resplandor de la luna llena, mientras serpenteábamos la trocha como una infinita Kaa arrastrada a lo largo del sendero, y avanzamos lentamente. Antes de llegar a la cima, ingresamos a un pequeño, acogedor, prodigioso y mágico descanso, cubierto por un árbol de pomarrosa, que invitaba a descansar, conversar, reflexionar, meditar, compartir, orar, amar; allí nuevamente nos detuvimos, y sigilosamente alumbrados por los cómplices rayos de la luna llena que se filtraban por entre las ramas de la pomarrosa, formamos una ronda alrededor de los viejos lobos, quienes a varias voces – a modo de bardos medievales – nos relataron la historia de “Los hermanos de Mowgli”, luego a coro nuestras voces se unieron para entonar la “Canción nocturna en la selva”, aun cantábamos cuando continuamos ascendiendo hasta penetrar a una gran terraza ubicada entre dos pequeños bosques y una empinada ladera que le servía de lienzo, allí  celebraríamos el consejo de la manada, y ante  él debíamos ser presentados todos los cachorros que teníamos edad suficiente para sostenernos en pie con el fin de que los otros lobos pudieran identificarnos como “de la misma sangre”. Después de la presentación, quedaríamos los lobatos en libertad para correr por donde nos placiera, y de prepararnos hasta estar listos para dar nuestro gran salto y matar nuestro primer gamo.

Al llegar arriba, los viejos lobos, los lobatos y los cachorros nos fuimos ubicando a lo largo de la terraza, y esperamos ansiosos el inicio de la ceremonia, en eso escuché a Akela llamarme por mi nombre, y de inmediato fui conducido hasta su presencia, Akela pregunto:



-       ¿Quién habla a favor de este cachorro?, ¿Quién, que pertenezca al pueblo libre, habla a favor suyo?



-       Yo hablo a favor de Ricky. Dejadle correr con la manada, y contadlo como uno de tantos. Yo mismo lo enseñare – contesto mi seisenero



Akela, se me quedo mirando, me dio la bienvenida, y tomando mi mano izquierda me invito a integrarme formalmente a la manada, y entonces bajo la luz de la luna, y en ese bello campo de tantas leyendas, historias y recuerdos, hice que mi voz llenara la noche, y dije:

Prometo hacer lo mejor que pueda

por cumplir mis deberes para con Dios y la Patria,

cumplir la Ley de la Manada y

hacer una buena acción a alguien cada día




Entonces Akela se dirigió a la manada diciendo:

“Miradlo bien, miradlo bien lobos”

Y en ese momento pase a ser parte de la manada, de inmediato todos los lobatos rodeamos a Akela, nos sentamos sobre nuestros talones en cuclillas y en voz fuerte y clara y acompasada, nos unimos todos en un gran aullido diciéndole a la noche: ¡A - KE – LA,  HA - RE - MOS LO MEJOR!, me pare de un salto y le pregunte a mis nuevos hermanos: ¿Did, dib, dib, dib? (Que significa: ¿harán ustedes lo mejor?), y ellos a coro me respondieron "Dob, Dob, Dob, Dob" (Que significa:   Haremos lo mejor!).

A continuación, las nubes – como si se tratara de inmensos telones, que señalaran el fin de la función – cubrieron la luna, dejándonos en total oscuridad, por lo que “Mang y sus hermanos llenaron los cielos” y de inmediato, nuevamente, comenzó a llover.

Apresuradamente, todos buscamos la protección del cubil, y hacia allí nos dirigimos, en el camino – bajo la lluvia – alcance a Hermano Gris, quien, sin dejar de caminar, me felicito por mi promesa, y me animo a apresurarme:



-       Gracias – le dije, y de inmediato, ignorando la lluvia y el frio, le pregunté - ¿Felo, en Paramacay siempre llueve?

Él se detuvo, se me quedo mirando, sonrió, iluminando la noche y me contesto:

-       No Ricky, a veces escampa.



Buena Caza,
Pterodáctilo Ancestral
Mayo 2018









Nota del Autor:

Este relato no pretende ser, ni suplir al Manual de Ceremonias de la ASV, ni ejemplarizar un Programa Típico de Manada, solo se trata de mi muy humilde recreación, de lo que creo pasa por la mente de un niño que disfruta del Gran Juego en la manada, y además procura demostrar mi más sentido reconocimiento a todos los excelsos miembros del Pueblo Libre y Valiente, y a sus tan abnegados Viejos Lobos. Con el aspiro pagar parte de la deuda que #MeLoContaronAlrededorDelFuego tiene con todos ellos.

Con él también pretendo agradecer y ensalzar al nunca suficientemente bien ponderado Campo Escuela Paramacay: entre tus campos se sucedieron, muchas de mis más bellas experiencias dentro del escultismo, bajo tu lluvia se forjo mucho del hombre que hoy soy, bajo tus eucaliptos conocí a mi compañera de vida, y a muchos de mis mejores amigos, gracias por todo, gracias, por tanto.

JR / mayo 2018

sábado, 28 de abril de 2018

Adiós al Jinete de Tamarindo / 27 de abril 2018

Hoy en #MeLoContaronAlrededoErDelFuego estamos desconsolado y afligidos:
  • El jinete de TAMARINDO (con ese nombre bautizo a su Caballo de Plata)
  • El capacitador de los ESCARAPULINES.
  • El “Scouter” de ESO SON COSAS DE MUCHACHOS
  • El filósofo de DUÉRMANSE CON DIGNIDAD
  • El historiador del Béisbol, El Caraquista aceptable
  • El hombre de EL TRABAJO FECUNDO Y CREADOR
  • Uno de los Miembros fundadores, y líder indiscutible del club de los 100
  • Un BOHEMIO, un SIBARITA, alguien que disfruto su vida
  • Un gran líder, un mayor ejemplo, un verdadero ciudadano,
  • Un Maestro de la felicidad y la vida
  • UN GRAN EDUCADOR
  • El primer y verdadero INTERNACIONAL
  • Un SanBenitero de esos de SOMOS TODOS UNO!!!
  • UN VERDADERO SCOUT
  • UN HOMBRE BUENO
  • UN GRAN JEFE SCOUT DE VENEZUELA
  • EL PROFESOR NÉSTOR LOHENGRY VENTÓ VIÑA,
SE NOS FUE ESTA MAÑANA AL CAMPO DE LA DICHA Y EL REPOSO

Tuvimos la suerte de que juntos compartiéramos un proyecto, un sueño, un ideal del Movimiento Scout que requeríamos para la formación de los Jóvenes que reconstruirían la Venezuela Posible, muchas veces le dije que su infinita confianza en los seres humanos y en sus hermanos scouts, estaban desfasados con la desvalorizada y antiética sociedad y asociación que nos tocaron, pero El PROFESOR (como le decíamos con respeto y cariño), se mantuvo terco en sus ideas y lucho por vivir plenamente aquello de que el SCOUT ES AMIGO DE TODOS Y HERMANO DE CUALQUIER OTRO SCOUT. Y por eso hoy estamos desconsolado y afligidos por la partida de un verdadero Scout. Me lo imagino alrededor de una fogata con: Alberto, Gino, Gilberto y Eduardo, debe ser una tertulia de lo más entretenida.
Para su esposa Esmeralda, para su familia y para todos los que lo admiraron, respetaron y amaron, un abrazo y mis oraciones para que siempre lo recuerden como el hombre que fue feliz.
Hace un año Lo El Profesor nos honró con publicando en #MeLoContaronAlrededoErDelFuego, un relato titulado MUCHOS ERRORES PARA UNA GRAN SATISFACCIÓN que tiene mucho de confesión, testamento, resumen. Por eso se los compartimos, en honor al Profesor…


domingo, 15 de abril de 2018

LA FANTASÍA DE CROCHÉ, Que me quiten lo bailado… …









NOTA DEL AUTOR: Los protagonistas, personajes y hechos incluidos en este relato son completamente ficticios, e inventados en una noche de copas alrededor del fuego. La utilización de personas e instituciones verdaderas o hechos reales se realizó solo con fines de enmarcar a nuestros personajes en un tiempo y espacio determinado. Cualquier otro parecido con la realidad es pura, simple y completa coincidencia

Caracas, abril 2018






Aquella mañana de noviembre Jesús, (el joven supervisor al que todos apodaban Doble Seis o Doble a secas), llego a las instalaciones de la empresa antes del cambio de turno – siempre disfrutaba de estar presente para la salida de “los de amanecida” y la entrada de “los del primer turno” -, y como siempre, se encontró con “Croché” que también estaba entrando a la planta. En la pila bautismal de algún pueblo de los Valles de Tuy lo habían bautizado José, y es el uno de los operadores de montacargas pesados de la planta, pero desde que – en algún momento, en cualquier lugar y por todas las causas – sufrió un accidente que lo condeno a renquear por siempre, los jodedores lo llaman “Croché”, hoy más que un mote, el alias es su alter ego y lejos de molestarse cuando se lo dicen, lo extraña cuando lo llaman por el nombre de bautismo.
  
A esa hora de la “madrugada” el montacarguista siempre le parecía un zombi: más enflaquecido de lo habitual, como si durante la noche lo hubieran vaciado por dentro despojándolo de su desbordante simpatía y habitual sonrisa, caminando en zigzag con la mirada fija en sus botas de seguridad, que arrastraba tras la pierna lisiada a la que le debe el mote, dejando una “estela como de Guácara” sobre la humedad con que el sereno cubrió la tierra del patio de entrada. Cuando pasa por la vigilancia para marcar su entrada, el “guachimán” de turno – sin siquiera hablarle – le pasa un vaso plástico desechable repleto de humeante “guayoyo colado en manga e´tela”.

Con el humeante vaso en una mano, y un sucio morral que le sirve de lonchera en la otra, el hombre sigue su rumbo de manera automática.

La estela sobre la húmeda tierra, indica que Croché se dirige a los vestuarios, sin prender las luces va directo a su locker, lo abre, mete “medio cuerpo adentro” y a los pocos minutos sale tomando un largo trago del “guayoyo envenenado” en el que ha convertido el humeante brebaje que le dio el vigilante. La metamorfosis es inmediata y total: el cuerpo se llena desapareciendo la apariencia de escuálido, la cojera disminuye – sin terminar de desaparecer de un todo – y la sonrisa regresa a la cara iluminando todo a su alrededor, ahora si ve al joven supervisor y lo saluda:

-               Buenos días doble seis, madrugando como siempre.

-               Buenos días Croché, tú también llegando temprano, ¿Cómo estuvo el fin de semana? – le comento el joven

-                Nada, me la pase por aquí, el sábado cargarnos tres gándola para Colombia y el domingo con la gente de mantenimiento desmontamos el tanque de ácido para cambiarle la fibra – comento el viejo montacarguista, con naturalidad

-               Verga Croché, otro fin de semana de sobretiempo, ¿cuantas horas tienes acumuladas este mes?, ¿tu como que estas “engordando el promedio” para las utilidades? – le pregunta riendo doble seis

-                Ya ni se – se ríe el viejo -, eso de los cálculos se lo dejo al sindicato y a recursos humanos, que se peleen ellos. Pero yo no tengo mujer, ni hijos, ni nadie que me espere en la casa, es más: desde hace tiempo ya no tengo nada que llamar casa, así que mejor estoy por aquí que en la plaza Bolívar de Sta. Teresa.

-                Nada Viejo. para mi tu estas engordando las utilidades – cerro el supervisor riendo

El viejo sonrió, le verdad es que él tenía una fantasía desde hacía muchos, muchos años, y el día de navidad del año pasado se dijo: «Coño Croché, El Niño Jesús tampoco te trajo nada este año, y a ti te enseño tu padre que el que no tiene abuela, tiene que sacar el pie pa´mecerse», y en ese momento, había decido auto-regalarse su fantasía para las siguientes navidades, para lo que necesitaba una buena cantidad de bolívares, y, en consecuencia, sin ninguna duda, escrúpulo, ni vergüenza: «Croché estaba engordando sus utilidades».

Discúlpenme y permítanme que los ponga en contexto: En esos, ya muy lejanos, años del inicio de los 90´s, la crisis interna devaluaba el bolívar, por lo que aumentaba – en igual proporción – la competitividad de exportación de las empresas manufactureras venezolanas. Esto, sumado a una muy elaborada y seria política internacional del ejecutivo nacional (Pacto de San José, Grupo de los Tres, Pacto Andino, etc) fueron el caldo de cultivo perfecto para el desarrollo de cientos de empresas privadas, que se dedicaron a explotar el tema de las exportaciones no petroleras. En cualquiera de esas empresas un obrero no calificado, que trabajara una buena cantidad de horas extras durante el año, aumentaba (o engordaba, como preferían decir ellos para hacer analogía con los cochinos que engordaban en sus patios pa´navida) su promedio de salario lo suficiente, como para que las utilidades navideñas alcanzaran para: comprar una o varias patas de ganado (procedimiento por lo que entre cuatro obreros compran una cabeza de ganado, por lo que cada uno compra una o varias patas y se las entregan a uno de los viejos del pueblo que se encarga de criarlas y engordarlas), pagar el anticipo de un carrito de agencia, comprarse un carro o camioneta de segunda mano, construir otro piso o un cuarto extra en el rancho, y hasta para construirse un rancho nuevo en el que mudarse con una nueva mujer. Alguien me dijo alguna vez, que para ver en donde se invertían las utilidades de los obreros venezolanos bastaba con observar ¡¡¡LAS ENORMES QUINTAS!!! que desordenadamente llenaban de colores los barrios de cualquiera de las ciudades del País. Otra cosa es que no existieran los urbanismos y servicios indispensables para poder VIVIR (así en mayúsculas) en esas viviendas, pero solo hacía falta levantar la vista a los cerros para ver: «donde estaban los reales». Regresemos ahora a nuestra historia.  

Y así fue como Croché a lo largo de todo el año engordo su promedio de manera consciente e importante, por lo que cuando recibió su Bono Navideño de cuatro meses de utilidades y dos meses de vacaciones, el cheque representaba una “pequeña” fortuna, que sería la envidia de cualquier obrero de esta época. Ese día el viejo saco del locker el sucio morral que le habían servido de lonchera durante varios años y se dirigió a la sucursal del banco ubicada frente a la plaza Bolívar de Sta. Teresa, al entrar hizo su cola durante un buen rato, y al llegar frente a la taquilla le entrego el cheque, la cedula y el morral a la cajera, diciendo, con su habitual cortesía:

-               Por favor me lo das todo en efectivo, y me lo metes en este morral.

-               ¿Lo quieres todo en efectivo? – pregunto la empleada con fastidio al ver la cantidad y la hora – mi amor, vas a tener que esperar un buen rato, le tengo que pedir al gerente que lo saque de la bóveda.

-               No importa, no hay apuro – le sonrió Croché, y bajando la voz – me los metes todos en el morral, yo espero aquí.

Luego de una larga espera, finalmente el viejo recibió su morral, repleto de los billetes con que haría realidad su fantasía, lo agarro se le puso a la espalda y camino hasta la parada de las camioneticas que van hacia la vía de Guatopo, a la salida del pueblo. En algún momento del año, el montacarguista, había decidido que su fantasía se realizaría en La Jaula, una de las casas con más experiencia, casta y alcurnia entre las que se dedican al lenocinio en Sta. Teresa. Llego muy temprano al lugar, por lo que aún no había iniciado el típico habiente de los viernes en la noche, toco la puerta y le abrió un hombre de muy baja estatura – de esos que no sirvieron en la recluta, por no dar la talla, se llamaba Eduardo, pero desde que las mujeres de La Jaula lo bautizaron Chichón, el otro nombre se olvidó para siempre – en La Jaula hacía de mesonero, portero, vigilante, barrendero, plomero, electricista y cualquier otra cosa que le pidiera Doña Maria Rosa, la regente del local y su jefe. En lo que abrieron la puerta Croché se le quedo viendo al enano y le dijo:

-               Epale Chichón, ¿esta Ma´Rosa?

-               Aún está arriba, cambiándose pa´ la noche, si quieres la esperas en la barra – le contesta el tipo, que hacía mucho tiempo que, para sobrevivir, había decidido no arrecharse con el mote

-               Mejor la espero en una de las mesas, requiero hablar algo privado – replico el otro

-               Sabes que pa´sentarse en las mesas hay que consumir, ¿Qué te traigo? – tercio el Chichón pasando de inmediato de su rol de portero al de mesonero.

-               Tráeme una botella de Caña Clara, y un vaso corto – ordeno Croché

El lugar estaba a medio luz – como era de esperar – y con el aire acondicionado al máximo, por lo que resultaba sumamente agradable, para los que entraban del calor de la calle, Croché se sentó en un una de las mesas de una esquina del salón, mirando hacia la escalera que subía hacia los dos pisos de habitaciones, al poco rato bajo la patrona. Doña Maria Rosa – o simplemente Ma´Rosa, como le decían sus mujeres y los asiduos al local – era una negra de Barlovento que media más de un metro ochenta, y que había llegado a Los Valles del Tuy “detrás de un hombre a caballo” cuando el inicio de la democracia, las leyendas entre las mujeres de La Jaula dicen que aún estaba buenísima y que ningún hombre le había podido aguantar más de un round en la cama. Hoy, aunque su edad era totalmente indefinida, y de que no había duda de que había pasado sus mejores tiempos, aun llenaba el salón al entrar y su cuerpo seguía atrayendo las miradas de todos los hombres presentes. Su porte actual era herencia del de las Madamas legendarias en el negocio.

Al entrar en el salón, Ma´Rosa, busco en la penumbra y al ver a Croché se dirigió hacia la mesa que ocupaba el hombre. La Madama y Chichón llegaron juntos a la mesa, y el hombre le entrego el primero de los muchos Viejos Parra, seco en copa tipo brandy, que se tomaría en la noche:

-               Buenas tardes Croché – saludo al hombre – llegas temprano, cuéntame: ¿que deseas?

-               Hola Ma´Rosa – contesto el montacarguista, que disfrutaba llamando a la mujer con su alias, y pasándole de inmediato el viejo morral continuo –, tengo la fantasía, de pasar unas vacaciones de varios días en La Jaula, en este morral está el total de mi bono navideño. No necesito nada especial, con Caña Clara y lo mismo que Ustedes coman aquí estará bien. La idea es que los reales puedan durar varias semanas.

-               ¿Vacaciones en La Jaula? Ja Ja Ja Ja – rio la Madama – eso si no se me había ocurrido, mira Croché déjame contar cuanto hay aquí, y ver como organizamos todo. Por ahora quédate con Cleopatra, ella te acompañara durante esta noche, y en la mañana cuadramos los detalles.

Y así inicio, la Fantasía de Croché, la primera noche con Cleopatra: una caliente barranquillera, de baja estatura, pero bien proporcionada, con fama de disfrutar y hacer disfrutar del sexo. Esa noche bailaron, cumbia, salsa, boleros, merengues, y algunas otras cosas. Tarde en la noche subieron, a la habitación principal que da a la terraza del segundo piso, en donde una pequeña piscina había sido acondicionada como jacuzzi, y allí, bajo las estrellas y con Guatopo a la espalda, Cleopatra hizo honor a su merecida fama.

Despertaron, después de las doce del día siguiente, lo hicieron nuevamente y justo cuando terminaban, tocaron a la puerta de la habitación, era Magda, una muy bella mulata maracucha con sangre guajira de larga melena y mayores senos, que le traía arepas de queso guayanés, café negro y jugo para el desayuno, al ver entrar a la maracucha Cleopatra se despidió de Croché con un beso, y un «la pase muy bien mi negro» mientras recogía sus ropas salía del cuarto. Croché le puso lo que quedaba de Caña Clara al café, tomo un largo trago, y dirigiéndose a la maracucha «vamos a desayunar, guajira», y así inicio el segundo día de la fantasía de Croché.

A partir de allí los días se sucedieron, sin que nadie los contara, bueno nadie excepto Doña Maria Rosa, que llevaba la cuenta justa de los costos y los reales del morral. No queremos nombrarlos todos, pero resaltamos el quinto día, que le correspondió a una apasionada trigueña tuyera a la que todos en La Jaula y en Sta. Teresa apodaban Quinta – por aquello de que «Todos se “cogen” a la Quinta Enmienda». O el inicio de la segunda semana que le toco a Las Mellizas un par de catiras de treinta y tantos años, una de valenciana y la otra Guayanesa, que se parecían mucho, y desde que llegaron a La Jaula Doña Maria Rosa se dio cuenta de la semejanza y decidió explotarla y ofrecerla a aquellos clientes que tenía esa fantasía.  Cuando se abrió la puerta y las Mellizas entraron en su habitación Croché no lo podía creer, ese fue un día para el recuerdo. Otro día para recordar fue el preferido de Croché, y sucedió cuando se acercaba el final de su fantasía, y al abrirse la puerta de la habitación la bandeja la cargaba una muñeca que aparentaba mucho menos de los veintitantos que supuestamente tenia. Recién llegaba a La Jaula, la apodaban Lolita y con ella Croché casi cubrió el total de su Fantasía.

Finalmente, cuando ya habían pasado casi tres semanas, al abrirse la puerta del cuarto la bandeja la traía la misma Doña Maria Rosa, al verla la mujer que aún estaba en la cama y que lo había acompañado el día anterior: lo beso, sonrió, apuradamente recogió sus cosas y salió de la habitación, cerrando la puerta tras ella. Ma´Rosa, que vestía una larga y ceñida bata china de color rojo, traía en la bandeja un desayuno más elaborado que los anteriores y una botella del "Viejo Parra" sin estrenar, puso la bandeja en la mesa de noche, abrió la botella, con gracia bautizo el café, se sentó en la cama y sonriéndolo le paso la tasa al hombre, mientras le decía: «Bueno Croché, todo tiene su final, ¿estas satisfecho?, ¿te gustaron tus vacaciones? ya has estado con todas mis chicas, este es tu último día en La Jaula y, entre todas, puedes elegir quien te acompañara hoy, dime ¿con quién quieres cerrar?». El hombre le dio un largo trago al café que le ofrecían, coloco la tasa en la mesa de noche, se acercó a la mujer y sin dejarla pensar la atrajo hacia él para besarla, al hacerlo la bata china se entreabrió dejando ver las aun bellas tetas de la Madama. La verdad es que la mujer no lo esperaba, pero se dejó llevar, ese día en La Jaula nació la leyenda de que Croché era el único hombre que le había podido aguantar más de un round en la cama.

Al siguiente lunes el montacarguista se reincorporo a su trabajo, sin explicaciones, sin cuentos, sin chismes, simplemente retomo su trabajo en la planta, intentando regresar a su rutina de siempre: cargando contenedores, desarmando maquinas o tanques, descargando gándolas, haciendo lo que hiciera falta. Sin embargo, la verdad es que jamás lo logro, ya que luego de hacer realidad su fantasía Croché, nunca volvería a ser el mismo.

Antes de Carnavales el hombre murió, ¿Cómo? nunca se supo, pero Doble Seis y otros compañeros lo consiguieron un sábado en el mañana acostado y sonriendo sobre un banco de la plaza Bolívar de Sta. Teresa. Llevaba varias horas allí cuando los amigos lo encontraron y lo llevaron inútilmente a la medicatura, más por costumbre que por convencimiento.

El entierro Bailado de Croché fue todo un acontecimiento en San Francisco de Yare: adelante la urna de madera, con herrajes de dorados, cargada y bailada por el viejo Cara E´Loco y su cuadrilla de bailadores, con levitas negras y zapatos de charol con postizos de hierro que sacan chispas cuando caminan, dando un paso pa´alante y dos pa´tras – pero, a pesar de eso, inexplicablemente avanzando – , detrás de ellos un tupido lote de plañideras pagadas por La Jaula, luego los obreros, trabajadores y supervisores de la planta, y cerrando la procesión la misma Doña Maria Rosa y todas sus mujeres de La Jaula, luciendo cada una sus mejor gala.

Llegaron al cementerio, rezo el párroco, bajaron la urna al hoyo y colocaron una lápida de bronce que simplemente decía:

JOSÉ GREGORIO LUGO PADRON
«C  R  O  C  H  É»
1935 – 1991
que me quiten lo bailado

Pterodáctilo Ancestral
abril 2018




domingo, 25 de marzo de 2018

Santiago Salgado

A una isla del Caribe
he tenido que emigrar
y trabajar de camarero
lejos, lejos de mi hogar.


Me invade la morriña
el dolor de Breogán;
cuando suena la muiñeira
el llanto empieza a brotar


Miña terra galega,
donde el cielo es siempre gris.
Miña terra galega,
es duro estar lejos de ti.

Siniestro Total - Miña terra galega
https://youtu.be/t02dFZI7nw4









Santiago Salgado, nació en 1930 en la casa de sus padres de La Ribeira Sacra – el territorio común de las provincias de Lugo y Ourense – nieto de Santiago, hijo de Santiago, descendía de una estirpe  dedicada, desde la época de los romanos, a trabajar las cortiñas de las familias nobles, donde sembraban legumbres, verduras y hortalizas. Además, en el interior de esas cortiñas y cortiñeiros florecen árboles frutales e incluso castaños, que también son trabajados desde tiempos inmemorables por los Salgados. Sin embargo, al estallar la batalla de Vigo – a finales de julio de 1936 – sin pensarlo mucho su padre y sus tíos recogieron sus gaitas y macundales, para acompañar a miles de otros afiliados de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que se alistaron al bando republicano.


Y aquí nos corresponde abrir uno de nuestros ya acostumbrados paréntesis: (No nos equivoquemos, sería frívolo y superficial indicar que los hermanos Salgados o sus compañeros del sindicato entendían o compartían la ideología anarcosindicalista que la CNT quería instaurar en España. Más real y serio, seria indicar que en la macabra lotería con que los líderes de ambos bandos se jugaron a España y a los españoles durante la Guerra Civil, a ellos les toco defender el bando republicano. Sin embargo, «la guerra duro poco para muchos de estos gallegos», y pasaron la mayor parte de los años de guerra haciendo valer aquello de que: «En Galicia no hubo guerra civil en el 36, sino represión y genocidio». Para cuando termino la guerra, el 1ro de abril de 1939, España estaba destruida estructural, económica y moralmente, eso sumado al inicio de la II Guerra Mundial, y a los inmensos odios sembrados por los “exabruptos y falta de escrúpulos” de ambos lados, fueron el caldo perfecto para gestar la fúnebre Post-Guerra española. Periodo que la mayoría de los historiadores fecha entre 1939 y 1960, y durante el cual España estuvo sumida en la más mísera pobreza, el mayor malestar social y la más fuerte represión posible.) cerremos aquí nuestro paréntesis.


Al amanecer de 1945, el huérfano quinceañero Santiago Salgado, no tenía ni trabajo ni futuro en Galicia, y tampoco valor para meterse a “maletilla”, por lo que junto a muchos paisanos se decidió a ir tras un sueño con nombre de mujer: América, embarcándose como “grumete” para pagar su boleto en la Santa Maria un buque portugués que transportaba emigrantes. La madre lo despidió en la puerta de la casa con un: «lembrar a nosa terra» y un beso, embarcaron en Vigo – el viaje de la aldea a Vigo fue la primera travesía para estos jóvenes, pero eso sería otra historia – iba con otros emigrantes en “segunda”, los hombres en una zona y las mujeres en otra, todos en camarotes de cinco literas, lo de grumete duro muy poco ya que desde que salieron de Las Canarias no fue más al comedor y menos a la cubierta, por pasársela mareado y enfermo. 

Santiago Salgado, nació en 2003 en el Centro Medico Paso Real de Los Valles del Tuy, en el estado Miranda. Nieto de Santiago, hijo de Santiago, la familia se dedica a regentar una modesta serie de almacenes agrícolas – fundados y gerenciados por su abuelo Santiago, hasta su muerte en el 2015 – llamadas “AGROCORTIÑA´s” las cuales estuvieron regadas a lo largo y ancho de Los Valles del Tuy. Sin embargo, la situación que se ha venido desarrollando desde el inicio de la dictadura – a finales del siglo XX – ha hecho que las cosas se fueran deteriorando – primero paulatina y luego aceleradamente – por lo que su padre y sus tíos se han visto obligados a ir cerrando varios de los locales, hasta que hoy solo les quedan dos.


Aquí nos corresponde abrir uno de nuestros ya acostumbrados paréntesis: (No nos equivoquemos, sería frívolo y superficial indicar que los hermanos Salgados eran acaudalados terratenientes, oligarcas o aristócratas, que tenían sometidos a los agricultores del Tuy aplicando la ideología capitalista de las que muchos los acusaron. Más real y serio, seria indicar que eran incansables trabajadores y “los mejores amigos” de los pequeños agricultores a los que asesoraban, financiaban y proveían de los insumos y los consumibles requeridos para la faena. Pero de manera inescrupulosa los Salgados, sus colegas y sus proveedores fueron despojados del accesos a las indispensables divisas, expropiados de sus necesarias propiedades e injustamente acusados de usureros y latifundistas, por los envidiosos, incapaces e ineptos que con macabra demagogia destruyeron a Venezuela estructural, económica y moralmente, eso sumado a los inmensos odios sembrados  “por la maquinaria estatal”, fueron el caldo perfecto para gestar la más fúnebre y desastrosa época de nuestra historia, en la que la Patria está sumida en la más mísera pobreza, el mayor malestar social y la más fuerte represión posible. Sin embargo, la tradición de sacrificio y la capacidad de resiliencia de estos empresarios les permiten adaptarse una y otra vez a las adversidades, para continuar luchando en el convencimiento de que el “trabajo fecundo y creador” más temprano que tarde siempre da frutos.) cerremos aquí nuestro paréntesis.


Al amanecer de 2018, el quinceañero Santiago Salgado, está terminando su bachillerato, no tiene ni cupo en la universidad ni futuro en esta Venezuela Revolucionaria, por lo que junto a muchos compañeros lleva varios meses convenciéndose de buscar la seguridad y el confort de un sueño, del que ha escuchado muchas veces en la cocina de su abuelo, un sueño con nombre de mujer: Europa. Finalmente se embarca como “turista”, en un vuelo lechero, que recorre cinco países antes de llegar a Madrid. La madre lo despedido sobre el mosaico de Carlos Cruz Diez en Maiquetía con un “selfy”, un “hijo: esto es lo mejor para ti, no dejes de escribirme” y un beso. Al despegar, Santiago se quedó mirando, desde la ventanilla del avión cómo se alejaba la Silla de Caracas.

Al llegar a Madrid, no lo esperaba nadie, tomo un metro hasta la estación de Puerta de Atocha y desde allí un autobús a Ourense – la bella ciudad a orillas del río Miño que los romanos llamaban Aquae Aurente, famosa por sus aguas termales y, en particular, por las piscinas de As Burgas que, junto con el antiguo Puente Romano, son símbolos de la ciudad gallega –, en la Estación de Ourense-Empalme lo esperaba su primo – se había venido de Caracas, un año antes – «Epale Chamo, ¿Cómo estuvo el viaje?, que bueno verte aquí, toma aprovecha que la estación es zona wifi gratis y avísale por el WhatsApp “á túa nai” que ya llegaste. Mañana, vas conmigo a AS BUERGAS, que él del puesto de papas, está dispuesto a conseguirte algo de trabajo. Vente déjame ayudarte con esa maleta, que vamos caminando hasta el piso, esta como a tres cuadras».

En La Guaira lo esperaba, “O Mocho” – un compañero de su padre de cuando el sindicato, que en 1936 había tenido que huir de los Franquistas para no ser fusilado – lo recibió con un abrazo y un: «Raparigo, parecen estar vendo ao teu pai», Santiago cargo con su vieja maleta y se montaron el autobús que los llevaba por una vieja carretera a Caracas, solo “O Mocho” hablaba, Santiago no podía abrir la boca: «Esta carretera, la construyeron los presos de cuando Gomez, ese fue un tipo como Franco, que mando en Venezuela como mil años. Te voy a llevar a una pensión que se llama Hotel Sonia, en El Conde – en el Luna Española no hay camas – allí podrás estar unos quince días o más a crédito hasta que consigas un trabajo, ellos te darán que comer y donde dormir. La dueña es de Orense, se llama Elvira González. Eso sí, apenas consigas trabajo, comienzas a pagar – y cambiando de idioma, para afianzar el mensaje – “non me fagas parecer mal, vexo que son garante”»



Durante los primeros días, Santiago “se pagó” la comida y el catre, ayudando a Doña Elvira con los trabajos de la pensión, la gallega lo adopto y lo apodaba “meu fillo”, y casi que se lamentó cuando consiguió trabajo como peón en una construcción por la zona baja de Sarria. Debido a la falta de experiencia, edad y papeles – el gobierno de Medina consideraba a Santiago como un Emigrante Espontáneo, para diferenciarlos de aquellos que llegaban bajo la figura de la inmigración dirigida y seleccionada para repoblar el campo y, por lo tanto, no existía ninguna previsión en la Ley de Extranjeros que lo apoyara o protegiera –, él capataz de la obra le pagaba la mitad del jornal que, a los demás obreros, sin embargo, le alcanzaba para pagarle la pensión a Doña Elvira, y ahorrar algo del jornal para “el futuro”.


De inmediato, Santiago “se pagó” la comida y el catre en casa de su primo, laborando como peón en el puesto de papas de AS BUERGAS, en donde hacía de todo: descargaba los camiones, llenaba los estantes, ayudaba a embolsar las compras y antes de retirarse barría los pisos. “Él del puesto” lo había adoptado y lo trataba “como un fillo”, y aunque era menor de edad, le pagaba la mayor parte del jornal, con lo que podía aportar para el piso del primo, y ahorrar algo para “el futuro”.

Al poco tiempo se adaptó a la rutina de Ourense, y fue haciendo amigos, la mayor parte entre los paisanos – poco a poco el tuyero se fue acostumbrando a que, “en el viejo continente”, consideraban que todos los nacidos al sur del Rio Bravo eran sudacas, y por lo tanto “todos compatriotas” –, uno de sus nuevos amigos era un margariteño que desde siempre estuvo obsesionado con los platos picantes con que la nueva comida peruana deleitan los paladares más exigentes y conquistan a la gastronomía mundial, él pensaba que podía hacer lo mismo con la comida su Isla:

-       Mira Santiago, ya conseguí “currar como bombero” en uno de los restaurantes del casco antiguo que los romanos construyeron para disfrutar de las aguas termales – le contaba el ñero

-       ¿Currar como bombero? – pregunto Santiago, totalmente perdido

-       Si, si, si, si, – lo corto el futuro chef – así le digo porque me toca cubrir todas las emergencias: si falta el del almacén: cargo los bultos, si falta el de la cocina: lavo lo platos, vasos y ollas, si falta el que barre: cojo la escoba, si falta el camarero: atiendo las mesas, si falta el “pela papas”: yo me encargo de … … … … …

-       ¿Y no, tendrán un puesto disponible en ese cuerpo de bomberos para un tuyero? – pregunto Santiago

-       Claro, esta noche le digo al encargado, ¿te gusta el pulpo? – continuo el isleño

A partir de ese día Santiago iba a apagar los incendios del restaurante de la zona colonial todos los jueves, viernes y sábados desde las siete de la noche hasta las tres de la mañana, y los domingos de doce a doce. Al poco tiempo comenzó a servir mesas y a recibir propinas, recordando un dicho que según su papá siempre decía su abuelo Santiago: «los borrachos, son buena gente y dan buenas propinas». Todo iba mejor de lo planeado, pero Santiago estaba convencido de que jamás se sentiría nuevamente en su casa, hasta regresar con los suyos, algo le faltaba.


Al adaptarse mejor a Caracas, Santiago fue haciendo amigos, la mayor parte entre los paisanos – poco a poco el gallego se fue acostumbrando a que, “en las indias”, consideraban que todos los españoles eran gallegos, y por lo tanto “todos nacidos en la misma aldea” –, uno de los nuevos amigos era un Isleño llamado Yeray que trabaja como albañil en la misma obra. En las tardes caminaban juntos al regresar a sus respectivas pensiones, llamando la atención por la “dispareja pareja” que hacían (Yeray hacia honor a su nombre, que significa grande en Guanche), durante ese recorrido el Isleño llevaba siempre la palabra: «Cuando reúna lo suficiente, comprare unos terrenos en Los Valles del Tuy, con buena agua esa tierra es buena para legumbres, verduras y hortalizas, y aquí el agua es lo que sobra – no como en mi Tenerife, en donde hay que sacarla de minas –, por eso los fines de semana me voy a La Candelaria para trabajar como camarero en EL POZO CANARIO, allí la paga es poca pero las propinas buenas, los borrachos, son buena gente y dan buenas propinas», tanto hablaba su nuevo amigo, que Santiago se convenció de que esta era la mejor manera de aumentar su capital, por eso el siguiente viernes se apareció en un pequeño restaurante llamado A ADEGA DE OURENSE, para pedir trabajo. Quisieron las hadas que lo atendiera un muy viejo Secretario del CNT que había estado en el frente durante la Batalla de Vigo, con su padre: «Mira Santi, te doy la oportunidad porque tu padre y yo tenemos muchas historias que contar, “fomos irmáns”, comenzaras recogiendo y limpiando mesas, pero estaré pendiente y en lo que tengamos el primer cupo disponible, te daremos la oportunidad para servir como camarero». A partir de ese día Santiago iba A ADEGA DE OURENSE, todos los jueves, viernes y sábado desde las siete de la noche hasta las tres de la mañana, y los domingos de doce a doce. Al poco tiempo comenzó a servir mesa, y demostró que su amigo Yerey tenía razón: «los borrachos, son buena gente y dan buenas propinas». Todo iba mejor de lo planeado, pero Santiago estaba convencido de que jamás se sentiría nuevamente en su casa, hasta regresar con los suyos, algo le faltaba.


Santiago la conoció cuando llevaba como tres meses de camarero, se la presento su nuevo amigo, en lo primero que se fijo fue en sus senos – la consigna entre los Salgado era: «Una mujer sin tetas, es como un domingo sin goles» –, lo que vio no solo le gusto, sino que fue amor a primera vista,  de inmediato comenzaron a acompañarse cuando regresaban a sus casas por las madrugadas, así poco a poco, noche a noche, bajo el titilar de las estrellas, y de “bota en bota” fue conociendo el resto de ella, y simplemente “también le gusto”. A las pocas semanas se hicieron inseparables, se bastaban con tres frases hechas, que habían escuchado a antiguos comediantes, a los quince años no se requiere más, ante propios y extraños se trataban de “parientes”, parecía que se conocían de siempre, que habían nacido para estar juntos hasta la eternidad. Ella le enseño la ciudad, él le enseño la vida, juntos conocieron el amor, en cuanto pudieron se mudaron juntos, y también juntos conocieron la felicidad que pensaban que les seria esquiva. Con el tiempo Santiago entendió que justo en el momento de conocerla termino su viaje, finalmente estaba en su casa, porque: «el hogar está allí, en donde está el amor».



¿Qué estoy haciendo aquí?

Pagando para vivir

Escogiendo sin opción

Lejos de donde nací



Escaparme de mí

Alejarme de ti

Una lejana canción

Sigue llamándome

Sigue llamándome



Lejos, La Vida Boheme


dedicado con nuestro mayor cariño y respeto a
todos los emigrantes e inmigrantes de Venezuela
de hoy, ayer, mañana y siempre

Pterodáctilo Ancestral
marzo 2018